Catherine Wheel : Wishville

Cuando acaban los fuegos artificiales y te quedas a oscuras.
Toda historia de amor tiene su final, algunos de ellos se tornan tristes y otros felices. Pero también existe una tercera opción para ese final, cuando todo acaba y uno se queda con un cierto regusto agridulce y lleno de melancolía.
Mi historia de amor con Catherine Wheel (que no es una bella dama, sino un fuego artificial que da el nombre a un cuarteto británico alternativo) se inició en mi adolescencia gracias a los compases de uno de sus primeros singles, el memorable “Black Metallic “. En efecto, ese gran tema me hizo buscar desesperadamente su primer trabajo (Ferment) por todas las tiendas de Barcelona, hasta que por fin lo pude encargar como artículo de importación. Me bastó una escucha para darme cuenta que esos tíos eran (con perdón) la ostia, aunaban con magistralidad efectos de guitarra, distorsión y melodía, un trinomio que hasta ese momento ningún grupo alternativo de la época me había mostrado aun.
Un año después llegó "Chrome", su segundo trabajo, una obra difícil de describir, que te lleva al climax, te deja en babia o en el séptimo cielo y que aún hoy (16 años después) me sigue pareciendo uno de lo mejores trabajos de la década pasada. Pero los años fueron pasando, y al igual que yo fui madurando ellos también lo hicieron. Esta madurez se inició con "Happy Days" (1995), trabajo que supuso su primer altibajo y mi primer desencanto con la consecuente pérdida de idealización de aquel amor que ahora ves como humano, con sus virtudes y carencias. La reconciliación llegaría en 1997 con su cuarto trabajo de estudio: Adam and Eve. Esta reconciliación fue difícil, ya que tanto el grupo como yo habíamos madurado y nos reencontrábamos tras una ruptura con cierto recelo y sin tanto “subidón” hormonal. Pero el tiempo lo puso todo en su sitio, y este trabajo elaborado y progresivo consiguió hacerme saltar, emocionarme… y llevarme de nuevo al limbo.
Pero un día... tristemente todo acabó. El inicio del Nuevo siglo supuso la aparición del que sería su ultimo trabajo, titulado Wishville, y ello llevó a que en ese momento se acabase nuestra historia de amor físico. Con Whishville Catherine Wheel murió como grupo y como creatividad y a mi me quedó un regusto agridulce y cierta melancolía que me evocaba hacia los Buenos tiempos.
Cuando uno escucha este escueto y mediocre trabajo, le cuesta de creer que este cuarteto inglés fuese tan excepcional, tan jodidamente fértil, con un criterio de evolución musical tan coherente y bien definido. Y es que con el nuevo siglo lo perdieron todo por el camino, perdieron a su bajista de toda la vida y lo reemplazaron por otro realmente mediocre, perdieron las buenas líricas presentes en su primeros trabajos, y perdieron esa sonoridad tan especial, sugerente y evolutiva que los definía. ¿El resultado? Un trabajo llano, desmotivado y gris, un ejercicio de Rock recto y aburrido que intenta emular a su elaborado predecesor (Adam and eve) pero que nos muestra el desgaste de un gran grupo que durante casi una década se mantuvieron por reconocimiento y ventas en la escena underground pero que hoy es una banda de culto y admiración por muchos de sus semejantes debido a su saber hacer y a su evolución sonora.
Aquí yace Catherine Wheel, como todo fuego artificial su pólvora se agotó, y la rueda se detuvo de por vida.
Pese a ello... gracias chicos, vuestra música me acompañará siempre, aunque os eche de menos.
Nota : 6'5 (Sobre 10)




Comentarios sobre Catherine Wheel : Wishville
Muy lejos del Maravilloso Chrome y del efectivo Ferment. Un triste final para uno de los mejors grupos de la escena dalternativa de lo 90.
Muy buenas críticas de discos realmente interesantes.